Mensaje de Monseñor Domingo Berni, Obispo Prelado de Chuquibambilla

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Agradezco al Doctor Víctor Nomberto por haberme concedido un pequeño espacio de tiempo con motivo de estos talleres de formación de líderes que considero de mucha importancia para nuestras comunidades.
He tenido el privilegio de poder dar una mirada a todo el programa de formación. Muy interesante por supuesto y muy oportuna su divulgación. Por supuesto que desde el punto de vista científico y técnico–pedagógico no tengo mucho que agregar, pero a pesar de todo esto me pareció incompleto. Me explico: Tiene una visión esencialmente técnico y científico, también en la parte de las consultas previas y diálogo; a mi parecer le falta algo del aspecto humano y diría religioso: una visión “religiosa” de la naturaleza y del hombre, que nuestro pueblo andino tiene bien arraigada. Me viene a la mente el ejemplo de un médico cuando debe intervenir para una operación al corazón: antes requiere y manda hacer una serie de exámenes: sangre, alergias, presión, riesgos operatorios, antecedentes y finalmente el consentimiento del paciente o de los familiares: son casi pasos protocolares obligatorios. Quiere tener una visión de las condiciones de todo el cuerpo. Así debería ser cuando el hombre quiere intervenir en alguna parte de la naturaleza: una visión global.
Si el Taller se refiere esencialmente al aspecto técnico-científico de la exploración y explotación minera con sus ventajas económicas y su relación con las comunidades implicadas, “diálogo” y el medio ambiente, la ecología tiene una visión mucho más amplia y abraza toda la naturaleza. Y es oportuno tener una visión de conjunto. Y en este aspecto la Iglesia puede decir una palabra y de hecho en muchas oportunidades interviene y nos ayuda a tener presente y considerar la naturaleza en general por lo que es: un DON de Dios a disposición del hombre, con derechos y deberes consiguientes. Ya el Papa Benedicto XVI en la Encíclica “Caritas in Veritate” (2009) nos había dejado enseñanzas valiosas y muy actuales. Me limitaré solo a algunas citas que simplemente dan una idea del pensamiento del Papa y de la Iglesia. Hablando de la relación entre el hombre y la naturaleza afirma: “Este es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad… el hombre puede utilizar responsablemente la naturaleza para satisfacer sus legítimas necesidades –materiales e inmateriales– respetando el equilibrio inherente a la creación misma”, “…si desvanece esta visión de equilibrio, se acaba por considerar la naturaleza como un tabú intocable o, al contrario, por abusar de ella” y más adelante… “por lo tanto se ha de subrayar que es contrario al verdadero desarrollo considerar la naturaleza como más importante que la persona humana misma. Esta postura conduce a actitudes neopaganas o de nuevo panteísmo. La salvación del hombre no puede venir únicamente de la naturaleza, entendida en sentido puramente naturalista… Por otra parte también es necesario refutar la posición contraria, que mira a su completa tecnificación… Que olvida la “gramática” de la creación que indica finalidad y uso inteligente de la misma, no uso instrumental y arbitrario” (n°48).
Añade: “La Iglesia tiene una responsabilidad respeto a la creación y la debe hacer valer en público, no solo para defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo. Es necesario que exista una ecología del hombre bien entendida. Cuando se respeta la “ecología humana” en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia… Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana y con ello la ecología ambiental. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas… Los deberes que tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos con la persona considerada en sí misma y en su relación con los otros” (n° 51).
El Santo Padre Francisco, y en continuidad con su predecesor Benedicto XVI, ha anunciado la promulgación próxima de una Encíclica dedicada enteramente a la ecología. De hecho ya tenemos varios pronunciamientos del Papa Francisco al respeto. Por ejemplo en la Audiencia General del 05.06.2013 con ocasión de la Jornada mundial del medio ambiente, de hoy, promovida por las Naciones Unidas, el Santo Padre Francisco decía: “Cuando hablamos de medio ambiente, de la creación, mi pensamiento se dirige a las primeras páginas de la Biblia, al libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la custodiaran. Y me surgen las preguntas: ¿qué quiere decir cultivar y custodiar la tierra? ¿Estamos verdaderamente cultivando y custodiando la creación? ¿O bien la estamos explotando y descuidando? El verbo «cultivar» me recuerda el cuidado que tiene el agricultor de su tierra para que dé fruto y éste se comparta: ¡cuánta atención, pasión y dedicación! Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos. Benedicto XVI recordó varias veces que esta tarea que nos ha encomendado Dios Creador requiere percibir el ritmo y la lógica de la creación. Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la «custodiamos», no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar. Estamos perdiendo la actitud del estupor, de la contemplación, de la escucha de la creación; y así ya no logramos leer en ella lo que Benedicto XVI llama «el ritmo de la historia de amor de Dios con el hombre». ¿Por qué sucede esto? Porque pensamos y vivimos de manera horizontal, nos hemos alejado de Dios, ya no leemos sus signos.
Pero «cultivar y custodiar» no comprende sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación; se refiere también a las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente ligada a la ecología medioambiental. Nosotros estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el medio ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. La persona humana está en peligro: esto es cierto, la persona humana hoy está en peligro; ¡he aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología. La Iglesia lo ha subrayado varias veces; y muchos dicen: sí, es justo, es verdad… Pero el sistema sigue como antes, pues lo que domina son las dinámicas de una economía y de unas finanzas carentes de ética. Lo que manda hoy no es el hombre: es el dinero, el dinero; la moneda manda!!! Y la tarea de custodiar la tierra, Dios Nuestro Padre la ha dado no al dinero, sino a nosotros: a los hombres y a las mujeres, ¡nosotros tenemos este deber! En cambio hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos del beneficio y del consumo: es la «cultura del descarte».
Y en el Mensaje en ocasión de la Jornada Mundial de la Paz, 2014, (§ 9. La fraternidad ayuda a proteger y a cultivar la naturaleza.) una vez más el Papa Francisco decía:
“La familia humana ha recibido del Creador un don en común: la naturaleza. La visión cristiana de la creación conlleva un juicio positivo sobre la licitud de las intervenciones en la naturaleza para sacar provecho de ello, a condición de obrar responsablemente, es decir, acatando aquella “gramática” que está inscrita en ella y usando sabiamente los recursos en beneficio de todos, respetando la belleza, la finalidad y la utilidad de todos los seres vivos y su función en el ecosistema. En definitiva, la naturaleza está a nuestra disposición, y nosotros estamos llamados a administrarla responsablemente. En cambio, a menudo nos dejamos llevar por la codicia, por la soberbia del dominar, del tener, del manipular, del explotar; no custodiamos la naturaleza, no la respetamos, no la consideramos un don gratuito que tenemos que cuidar y poner al servicio de los hermanos, también de las generaciones futuras.
Si hasta aquí me he servido esencialmente de la voz oficial de la Iglesia, la del Papa, quiero hacer escuchar también la voz de Iglesia en Perú a través de sus Pastores. Hace algunos años atrás, en ocasión de algunos disturbios en el Norte del Perú y a propósito de algún proyecto minero, y a causa de algún pronunciamiento antiminero de algún miembro del clero, hubo acusaciones de parte de algunos medios de comunicación y de algunos políticos, que la Iglesia estaba simplemente en contra de la minería, y los Obispos del Perú tuvieron que intervenir. “Recordamos”, decían en un comunicado del 19 de setiembre de 2007“ que cuando la Iglesia quiere expresarse institucionalmente, lo hace solo a través de sus Pastores reunidos en la Conferencia Episcopal”. Las voces o declaraciones de algún miembro de la Iglesia, son opiniones personales, no de la Iglesia. Y en aquella ocasión los Obispos declararon: “En este contexto la Iglesia no puede ser contraria a que se aprovechen debidamente los recursos naturales del país, incluida la riqueza minera y alienta que se avance en aquellos aspectos que permitan lograr “esas condiciones de vida más humanas”, un rostro humano de la minería que Su Santidad el Papa Benedicto XVI, solicitara en la reunión de los Obispos de América Latina en Aparecida-Brasil. Es decir piden una minería responsable, respetuosa del medio ambiente y de los hombres que lo habitan.

Tambobamba 05 de junio de 2015
Monseñor Domingo Berni,osa
Obispo Prelado de Chuquibambilla

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